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8 de agosto de 2007

CASI COMO UN PERFUME

Ya hace días que tengo preparado este post y desde entonces llevo intentando publicarlo pero, no sé si por algún problema con el servidor de Blogger o con mi conexión, la tarea se me ha complicado tanto que lo mando ya como está. He tenido que subir las fotos una a una y con fallos continuos en la transferencia, de forma que con la mayoría de ellas me ha costado varios intentos. Aunque las que ya están pueden ser suficientes, había previsto algunas más y trataré de ponerlas en otro momento, si me deja el sistema. Sólo espero que para la próxima entrada se haya solucionado todo, por el bien de la continuidad de estas páginas.


Son muchas las fotos de mis viajes que deberían figurar aquí, pero su cantidad progresa naturalmente a un ritmo mucho mayor del que pretendo y puedo llevar en este blog. Por eso mis prioridades al elegir los temas de cada post están basadas casi siempre en decisiones puntuales, según el estado de ánimo. En cambio, el tema de hoy responde también a una solicitud desde Uruguay por parte de mi amiga Elizabeth y que estoy encantado de aceptar. Aunque ya lo tenía entre los que había previsto tratar, no viene mal el empujoncito al saber de antemano que le va a interesar a alguien...

Pese a ser bastante desconocida internacionalmente, excepto en países de su entorno, la ciudad uruguaya de la Colonia del Sacramento forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO y conserva una importante cantidad de vestigios del origen que sugiere su nombre. Fundada en el siglo XVI por portugueses frente a Buenos Aires en la otra orilla del inmenso Río de la Plata, fue una plaza muy disputada y cambió de manos en varias ocasiones entre Portugal y España.

Pero como su historia se puede consultar en otras fuentes, me limitaré a decir que el casco antiguo es muy colorido y
sus calles (todo lo hermosas que ya te imaginas) emanan tranquilidad y un cierto aire melancólico, como añorante del pasado que le dio su particular fisonomía. También parece como si el tiempo transcurriera más despacio. Curiosamente, esta sensación aumenta cuando te fijas en la muy notable cantidad de automóviles viejos, y no me refiero sólo a los rehabilitados para llevar de paseo a visitantes, ni a los que figuran como reclamo turístico de diferentes establecimientos, ni a muchos otros con toda una vida sobre sus hierros y que aún circulan gracias a no se sabe qué magia mecánica, sino a tantos más que llevan años de deterioro estacionados en el mismo punto de varias calles céntricas y claramente abandonados.
Pese a ello, a mí no me dio una impresión de chatarra escandalosa, sino que en algunos casos incluso me parecieron hasta cierto punto, digamos "integrados" en el entorno, por más que tal opinión pueda sonar chocante. Sin embargo, buscando referencias a ese respecto, los vecinos no me contaron precisamente alabanzas de las autoridades locales en cuanto a su política de mantenimiento de la zona histórica y sí mucho sobre su desidia.

Imagino que en mi apreciación tan favorable de Colonia también influye el hecho de que la visité en temporada baja (abril de este año, otoño austral) y no tenía el aspecto turístico y bullicioso que indudablemente debe de mostrar en otras épocas, lo cual, desde el punto de vista fotográfico, también es de agradecer. Así que, tras este largo preámbulo, pasemos a las imágenes.
Como casi siempre, resulta desalentador enfrentarse a definir una selección satisfactoria entre tanto material, pero quien haya observado mi trabajo en estas páginas sabe que con las fotos de viajes me inclino por ofrecer una visión alternativa a la clásica instantánea turística, aunque ésta muchas veces se vuelve inevitable y hasta obligatoria. Si vas a París con una cámara, ¿puedes dejar de sacarle unas cuantas a la Torre Eiffel?





Para ilustrar lo que decía más arriba sobre los coches, ahí van unas muestras. En la primera se aprecian varios de distintas épocas, con dos que no se han movido desde tiempos ignotos.



Por último, quiero agradecer expresamente a Luis y familia y especialmente a Elizabeth sus atenciones conmigo por hacer mi estancia inolvidable.


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