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De nuevo viene Portugal a estas páginas. Ponte de Lima, de la que ya hablé aquí, es la villa más antigua de ese país y, además de su encantadora belleza, ofrece otras razones para visitarla en diferentes épocas del año. Entre mayo y octubre celebra anualmente un Festival Internacional de Jardines que va por su quinta edición. En el espacio de los preciosos jardines municipales se pueden contemplar instalaciones artísticas muy originales que tienen como base su integración con el entorno. Por supuesto, no voy a poner aquí toda la filosofía de la exposición y el concurso, que se puede ver en el enlace de arriba y, más resumida y en español, en este otro.
Tampoco quiero poner demasiadas fotos del festival porque no es lo único que me interesó de mi estancia en el pueblo, aunque fui casi expresamente por él. Y ni siquiera me dejaré llevar por la gran tentación de mostrar como sujeto aislado ni una sola de las bellísimas flores que allí se exhiben. En cambio, prefiero unas cuantas estampas de la villa y de una feria que tiene lugar en su alameda los domingos, casi exclusivamente dedicada a la compraventa de antigüedades, quincallería y toda clase de trastos viejos y cacharros, que constituyen magníficos objetos de fotografía.
Esta vez no hay ninguna foto con tratamiento HDR. 
























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He comenzado a experimentar con un tipo de procesamiento de imágenes que está tomando mucho auge en el mundillo fotográfico, sobre todo en Internet (ejemplo en flickr). Se trata de añadir texturas a las fotos para darles un aspecto especial que las convierte muchas veces en algo más parecido a un cuadro. Obviamente, la técnica no es para todos los gustos y los puristas reniegan de ella con desdén. Además, conozco a fotógrafos que detestan que les digan que sus obras semejan pinturas. Por mi parte, sin embargo, creo que es un motivo más para desarrollar las múltiples posibilidades de creatividad que el sistema digital ha introducido en la fotografía de nuestro tiempo.
En la Red pueden encontrase infinidad de autores con ejemplos extraordinarios que emplean esta técnica, pero mi favorito es Istvan Kadar. No dejes de visitar el enlace porque tiene maravillas y me cuesta creer que hasta los fotógrafos más exigentes no encuentren razones para admirar alguna de sus impactantes obras.
El proceso consiste en tomar una imagen como base y mezclarla (mediante Photoshop o cualquier programa que admita edición por capas) con otras que contengan formas de toda clase imaginable, aunque normalmente de superficies o patrones aleatorios como piedra, metal, papel, tela, ramaje, tierra, grietas, rayaduras, etc. etc. Las posibilidades son infinitas y tanto es así que ahora más que nunca se me da por hacer varias versiones de una misma foto, porque el resultado final varía de tal manera que pueden parecer muy diferentes entre ellas. Otro día también sacaré aquí una variante del tema que trata de darles un aspecto envejecido y antiguo.
La cosa no es sólo poner las fotos unas encima de otras y ya está. De hecho, encontrar las texturas adecuadas para cada imagen, probar diferentes modos de fusión, superponer máscaras para afectar sólo las partes deseadas, crear capas nuevas a partir de otras y un sinfín de operaciones más suelen convertirse en tarea larga y laboriosa. Pero a mí me ha dado la satisfacción de crear obras con las que ni soñaba hace muy poco.
Por supuesto, hay que verlas a tamaño ampliado para apreciar los detalles, ya que en ellos se basa casi todo el encanto. No tienen por qué gustar a todos, pero supongo que muchos pueden encontrarles algo de atractivo.















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No había hecho antes un tipo de sesión como la que presento hoy. Hace unas semanas me hicieron un encargo para fotografiar tres salones de belleza, lo cual representaba un campo casi totalmente nuevo para mí y un reto personal para entregar un trabajo de calidad. La verdad es que los locales están muy bien y ofrecen un gran escenario para la fotografía de interiores. Según mis informaciones, sus servicios también están a la altura del esmero que se refleja en las fotos. Más en rosagomez.es.
Este tipo de imágenes requiere una técnica especialmente dedicada que he tenido que investigar por mi cuenta. Menos mal que existe Internet... Hay carísimas lentes móviles descentrables, que se emplean para corregir la perspectiva y el paralaje, y otras de gran angular que son igualmente costosas, aunque por el momento yo no puedo permitirme tenerlas. Así que hay que echar mano del bendito Photoshop para no destrozar el bolsillo, pero los resultados pueden ser muy decentes. De hecho, imagino que una gran parte de los profesionales lo hace de esta forma.
He usado HDR, que en este caso viene especialmente bien, y a veces tomas panorámicas para suplir la falta de un súper gran angular. El que tengo es un Canon 17-40mm f4 L, que no está nada mal, pero en alguna ocasión el espacio es demasiado limitado y hace falta ese extra de amplitud que se consigue uniendo tomas contiguas.
Y, para ser la primera vez, estoy muy satisfecho con el trabajo.

















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